martes, 11 de enero de 2011

Inconsecuencias

Estoy de limpieza (en la casa, no es ninguna metáfora: mocho y trapito...) y he sacado unas pelusas tan grandes de debajo de mi cama, que estuve dudando entre tirarlas a la basura, o abrirles un facebook.
Es lo que tiene hacer las cosas tan de cuando en cuando, como el blog, que puedo ignorarlo gratuitamente. Y no por falta de inspiración (si es que a lo mio puede llamarsele así) sino porque siempre que se me iba la olla no tenia un ordenador a mano, y mi memoria, bueno, digamos que deja bastante que desear. Creo que mi madre, cuando me hizo, se gastó todo el presupuesto en una carcasa bonita, y el disco duro lo cogió de oferta yo hubiese hecho lo mismo, nada que objetar.

Bien, tengo demasiadas cosas que contar, y como mi cabeza es el trastero de alguien con síndrome de diógenes, seguro que me pongo a contar idioteces y no lo trascendental, pero bueno, ya me conoces, no puedes esperar mucho de mi, iba para rubia.

¡Ah! Un dato que me tiene feliz y contenta, cantándole a la luna, y bailando bajo la lluvia: tengo blackberry, YUJUUUU!! Ya pertenezco a ese selecto grupo compuesto, mas o menos, por todo el mundo pero yo molo más. Ahora pongo pose de ejecutiva ocupada (si, en vaqueros y converse, el ejecutivismo se lleva dentro) y miro mis correos, me conecto al messenger mientras CliOpatra está en el autolavado, y me parpadea una luz roja cada 3 minutos y medio, de alguien que me habla por el whatsapp. Que feliz soy, si es que a mi se me contenta con poco.

Cambiemos de tercio, hay alguien que se merece ser nombrada en este blog, y nunca lo he hecho; mi querida y amada Jackie (a ratos conocida como: la enfermera buenorra). Con la que desde julio (mes arriba, mes abajo) he forjado una relación cojonuda. La adoro y eso que no me la follo ni nada, porque podemos hablar de todo, o de nada. Y porque puede llamarme en cualquier momento para decirme que si estoy haciendo algo, lo cual supone recogerla en 45 minutos en su casa e ir a tomar algo, o a cenar, o a hacer el pino puente mientras dos monos bailan claqué en círculos y cantan la banda sonora de Grease (esto último nunca ha ocurrido, pero mira tu, me haría ilusión, y nunca se sabe).
Ademas, es la persona mas consciente de la validez de mi época Zen, y de como le estoy dando feng shui a mi royo emocional. Y yo he sido testigo de su valentía sentimental (¡Ole tus huevos!). Lo que ahora no nos vemos mucho, porque está estudiando, que la niña quiere ser matrona y tiene el examen en 0'1. Lleva tanto tiempo encerrada, que en realidad creo que se ha transformado en vampiro, o algo por el estilo, bueno, yo la quiero igual.

A mis primos, El Licenciado y Rossi, y a mi, nos ha dado ahora (bueno, desde hace meses en realidad) por ir por la noche a jugar al tenis playa. Aquí donde la veis, la Miss es una motivada, y si se tiene que tirar y rodar por la arena para salvar un punto, lo hace como si de la final del Roland Garros se tratara (pero sin que me den una ensaladera de plata al final, aunque yo con un tupper me conformaba) y termino tan llena de arena que parezco una croqueta. Además de las pintas bolleriles que llevo, a saber: pantalón de fútbol de alguno de mis primos, camiseta de ir al gym, y gorra de tenis, que si no mi precioso y ondeante pelo no me permite ver, y nunca se me ha dado bien jugar al tenis en braille.

Seguiré contando lo atrasado (al menos la parte que recuerde), lo prometo. No hago propósito de año nuevo, porque jamás los cumplo. Además, yo me guio del año nuevo chino, que son mayoría ya tengo a medio hacer mi dragón chino multicolor.

Bueno, mis jóvenes padawans, una servidora se va a terminar de limpiar, que a este paso lo dejo para mañana.

No hay comentarios:

Publicar un comentario